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Dinamarca pretende cobrar un impuesto a los eructos y flatulencias del ganado

En caso de que avance la propuesta, va camino a ser el primer país del mundo en aprobar esta iniciativa. El objetivo del plan es reducir el calentamiento global.

10 Julio de 2024 08.28

Dinamarca va camino a ser el primer país del mundo en multar los eructos y flatulencias de vacas, ovejas y cerdos, con el propósito de reducir el efecto invernadero en la atmósfera, uno de los gases más potentes que contribuyen al calentamiento global.

A partir de 2030, en función de lo previsto por el oficialismo, las emisiones de metano causadas por las flatulencias del ganado vacuno y los cerdos tendrán un costo de 44 dólares (300 coronas danesas) por tonelada de dióxido de carbono.

En caso de que el Parlamento apruebe la iniciativa, el impuesto aumentará a 102 dólares en 2035. Cabe destacar que recientemente, en junio, el Gobierno llegó a un acuerdo respecto del proyecto con la oposición y representantes ganaderos de la industria y del ámbito sindical. El plan tiene el objetivo de reducir las emisiones de efecto invernadero en un 70 % respecto a los niveles de 1990, según indicó el ministro de Hacienda, Jeppe Bruus.

Los ingresos generados por el impuesto se reinvertirán en la transición ecológica de la industria agrícola. Más del 60 % de la superficie del país está dedicado a la agricultura.

Dinamarca es uno los principales exportadores de carne de cerdo, que representa cerca de la mitad de las exportaciones agrícolas del país, según el Consejo danés para la Agricultura y la Alimentación.

Pese al entusiasmo del proyecto, al mismo tiempo, desde el Ministerio de Economía reconocieron que la propuesta podría significar la pérdida de hasta 2 mil empleos en el sector de aquí a 2035.

En ese marco, desde la Asociación danesa por una Agricultura Sostenible calificaron de "inútil" el acuerdo. Es "un día triste para la agricultura", indicaron en un comunicado.

"Como agricultor, me siento incómodo porque estamos participando en un experimento incierto" que podría amenazar "la seguridad del suministro alimentario", opinó su presidente Peter Kiaer, que recordó que Nueva Zelanda abandonó una propuesta similar debido a las quejas de los ganaderos.

De esta manera se refirió, a cuando en noviembre de 2023, el país de Oceanía dio marcha atrás con el “impuesto a los eructos” que planeaba aplicar a las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes del ganado.

Qué es el efecto invernadero

Desde hace muchísimo tiempo, la problemática de la contaminación ambiental y sus consecuencias es un tema recurrente que se aborda desde diferentes perspectivas por Estados, organizaciones no gubernamentales y diferentes tipos de actores con influencia en las políticas que rigen el cuidado del medioambiente, en cuyo marco el efecto invernadero ocupa un rol esencial para el desarrollo de la vida humana.

Al fin de cuentas, este fenómeno es el que, en condiciones normales, permite que la vida tenga lugar en nuestro planeta, al menos tal como lo conocemos. A grandes rasgos, el efecto invernadero es el que hace que el calor del sol que llega a la tierra no sea rebotado de nuevo al espacio en su totalidad y que, en cambio, cierto porcentaje permanezca de manera tal que se genere una temperatura que habilite la existencia de los seres vivos.

Básicamente, los gases que componen la atmósfera terrestre generan la capa que retiene parte de ese calor que llega del sol y que alcanza la superficie para luego ser reflejado hacia el espacio, dando lugar al efecto, que lleva su nombre debido a la similitud que tiene con el que producen las carpas de plástico en los huertos de los invernaderos.

No hay duda alguna que la invención del motor de vapor, en la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVIII, constituye, como eje de la Revolución Industrial y piedra fundamental de la era del maquinismo, uno de los grandes puntos de inflexión en el devenir histórico de la humanidad. A partir de ese momento, la manufactura y la industria se desarrollan aceleradamente, dando lugar a grandes cambios sociales, económicos y también medioambientales.

De pronto, la emisión de gases hacia la atmósfera y la explosión demográfica en los alrededores de fábricas y empresas generadoras de empleos se convirtieron en factores que conspiraron contra las condiciones ideales del hábitat humano.

En ese sentido, el aumento de la concentración de GEI (gases de efecto invernadero) en la atmósfera, asociado directamente a distintas actividades del hombre como la quema de combustibles fósiles para la generación de energía, el transporte y la actividad industrial, cambios en el uso de la tierra y la creación de desechos domiciliarios e industriales produjo una mayor retención de calor, provocando un aumento en la temperatura de la Tierra.