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Tras el escándalo de los alimentos

El Gobierno ahora, sube la ayuda social directa y recorta dinero a los piqueteros

Las transferencias directas a sectores vulnerables aumentan por encima de la inflación y se envían a través de los programas sociales a cada beneficiario. En el Gabinete crece el malestar contra la gestión de Sandra Pettovello.

02 Junio de 2024 07.42

Antes de asumir, Javier Milei avisó que Sandra Pettovello sería la única ministra con la "billetera abierta". El viernes, en medio de la crisis que tiene sumido al mega ministerio de Capital Humano por las denucias cruzadas de corrupción y el “olvido” de 5 toneladas de alimentos en depósitos estatales, la calificó como "la mejor funcionaria" de su Gabinete.

Sin embargo, el Presidente y los tanques de comunicación del Gobierno evitan darle demasiada publicidad a las transferencias directas para los sectores más pobres, que para algunos gobernadores e intendentes del peronismo, explican el apoyo popular que todavía exhibe el Presidente en medio de una economía recesiva. Nadie se quiere desperfilar, tampoco los mandatarios provinciales que ajustan más de lo que dicen.

Los aumentos por encima de la inflación de la Tarjeta Alimentar ($52.250 que reciben padres con 1 chico de hasta 14 años y $108.062 mil para familias de tres hijos o más); la Asignación Universal por Hijo (AUH) ($ 74.354 por cada menor hasta los 18) y el crecimiento exponencial de las ayudas escolares anuales explican el fenómeno, el reverso de la licuación de las jubilaciones y la falta de asistencia a comedores.

El Gobierno anunció esta semana aumentos de las dos primeras asignaciones, que prácticamente comparten el mismo universo: 2,3 millones de familias y entre 3,8 y 4 millones de niños y adolescentes.

La suma de los beneficios no cubre la canasta de indigencia de una familia tipo. Representan apenas el 47 de la canasta básica de alimentos. Parece muy poco, pero es mucho más que el piso del 28 por ciento que significaba en diciembre y del 33 por ciento de noviembre, según los números de Fundar, a cargo de María Migliore. Es la misma proporción que en junio de 2023 en pleno gobierno de un peronismo en campaña presidencial.

Desde diciembre, la AUH aumentó un 259,9 por ciento, mientras la Tarjeta Alimentar subió 137,5 por ciento. El crecimiento del monto de la ayuda escolar anual que cobran 3 millones de beneficiarios es todavía más exponencial. Pasó de $17 mil por alumno, en 2023, a $70.000: un 311 por ciento de aumento.

Son los números que Luis Caputo le muestra a Kristalina Georgieva, cuando el FMI le exige al Gobierno que no desatienda a los sectores más vulnerables en medio del ajuste para ordenar las cuentas macroeconómicas.

En la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda, además, se ilusionan con los números de mayo y con poder exhibir la cifra más baja de inflación mensual en dos años, un detalle que enseña el nivel de deterioro del ingreso que pega en los sectores más bajos.

“Milei hace populismo como yo ajusto más de lo que digo”, dice el gobernador de un distrito importante a propósito de los amortiguadores sociales del Ejecutivo.

En la mesa chica del Presidente reconocen que enfatizar demasiado el gasto social puede desperfilar la imagen de un Presidente abocado a bajar el déficit con “el mayor ajuste de la historia de la humanidad” -en sus palabras- y a la más vaporosa “batalla cultural”. Milei está más interesado en galvanizar su base de sustentación con posiciones extremas que en sumar apoyos más volátiles de centro.

“Nosotros no hacemos bombo, porque es una tragedia, aunque nos sirve para ver que la gestión funciona y la gente nos banca. Carolina Stanley se vanagloriaba de que durante el gobierno de Macri se hubiera duplicado la asistencia social. Para nosotros es para llorar”, señala uno de los hombres más poderosos del Gabinete, que aprovecha para criticar la gestión del presidente del PRO. Cerca de Milei parafrasean a Teddy Roosevelt. “Gobernamos con una responsabilidad moral”, dicen.

La otra cara de la moneda son los miles de comedores que no reciben alimentos por parte del Gobierno. Los gobernadores y los intendentes tienen que suplir los faltantes. La provincia de Buenos Aires es el caso más extremo. “Milei te la hace difícil, te ajusta y te obliga contener, porque si no, primero vienen a tocarte la puerta a vos”, dice un intendente del conurbano.

La recesión empieza a afectar de modo profundo el trabajo formal, el informal y las changas y de ese modo buena parte de los ingresos de los sectores más pobres que reciben asistencia del Estado. El dato no es menor. Solo 2 de cada 10 hogares viven nada más que de programas del Estado, según un informe de Fundar y del Centro de Investigaciones y Acción Social (CIAS), del jesuita Rodrigo Zarazaga. El sesenta por ciento, en cambio

Los curas de opción por los pobres que semanas atrás fueron recibidos por Cristina Kirchner, en cambio, describen una situación cada vez más acuciante.

De manera inobjetable, más allá de las opiniones, los comedores están al límite, colapsados. Un referente del peronismo que conoce el territorio y los pasillos de Desarrollo Social pone matices sobre los escenarios más agoreros. “No hay clima de quilombo social por ahora. Si se sigue en este camino de ajuste, puede que lo haya. Milei todavía goza de apoyo popular, abajo de la pirámide. La gente todavía dice `mirá el quilombo que le dejaron`”, señala.

Las encuestas le dan la razón. En los sectores más bajos, Milei tiene una imagen positiva del 55% según un estudio de Opina Argentina. El 47 por ciento de los consultados para un sondeo de Pulso en el Conurbano también banca "el ajuste para que la situación económica mejore". El 67 por ciento de los encuestados sin estudios primarios terminados por la consultora Synopsis evalúan positivamente la gestión del Presidente.

“Hay que regar la pradera”, suele citar a Mao, el jefe del Evita Emilio Pérsico, denunciado por Capital Humano. Las organizaciones sociales acusan recibo del avance del Gobierno contra ellas, pero celebran como un gol propio la crisis en Capital Humano por los alimentos a raíz de una denuncia de Juan Grabois. "Vamos a monitorear la entrega de alimentos", aseguran en la UTEP. Esta semana se esperan novedades y nuevos nombres en la indagatoria contra jefes de organizaciones sociales de izquierda. El líder del Polo Obrero Eduardo Belliboni será indagado.

El Gobierno monitorea el humor social en los estratos más bajos. Por eso, también, frenó un nuevo aumento en el transporte. El resto de las tarifas -que vuelven a atrasarse según los planes originales del Gobierno- golpean a la clase media, la cenicienta de esta administración, como le pasó a Cambiemos.

Ex funcionarios de Desarrollo Social, de todos modos, señalan el impacto de los alimentos almacenados en un galpón y con fecha de vencimiento próxima. “La gente entiende qué significa leche en polvo echándose a perder. Les falta equipo con Martín y "Lule" Menem no alcanza”, señala un dirigente que padeció las capas geológicas de un ministerio donde conviven aliados y adversarios políticos.

En la Rosada aumenta el malestar con Pettovello a pesar de las sonrisas públicas de café. Al menos tres ministros preferirían que la amiga del Presidente fuera despedida. Pettovello denunció a un funcionario que ella misma había llevado al Gobierno por corrupción. La nueva mano derecha de la ministra Leila Gianni -de pasado militante kirchnerista y massista- habló de “sobresueldos” en la misma semana en la que el Gobierno cambió de jefe de Gabinete y justo después de que se anotara la victoria del dictamen de la Ley Bases.

En Capital Humano reiteran que hay registros de que la ministra -"la mejor del Gabinete", según Milei- conocía el paradero de los alimentos y que varios de sus delegados cobraban contratos como los que motivaron las denuncias contra el secretario Pablo de la Torre. (Fuente Clarín)